Google y Amazon enfrentan un nuevo desafío climático impulsado por la inteligencia artificial

Rene Fraga
10 minutos de lectura

Principales destacados

  • Los nuevos informes de sostenibilidad de Google y Amazon muestran que el avance de la inteligencia artificial elevó significativamente las emisiones de carbono de ambas empresas.
  • La expansión de los centros de datos, la fabricación de chips y el creciente consumo de energía se han convertido en los principales obstáculos para cumplir las metas de neutralidad climática.
  • Especialistas afirman que la IA sigue siendo una tecnología prometedora, pero su crecimiento exigirá inversiones mucho mayores en energía limpia, infraestructura sostenible y eliminación de carbono.

La inteligencia artificial está cambiando la forma en que las personas trabajan, investigan, crean contenido y utilizan servicios digitales. Herramientas capaces de generar textos, imágenes, videos, códigos y análisis complejos pasaron a formar parte de la vida cotidiana de millones de usuarios en pocos años.

Sin embargo, mientras esta revolución tecnológica avanza a un ritmo impresionante, un problema igualmente importante comienza a ganar espacio en las discusiones globales: el impacto ambiental de esta nueva era de la computación.

Los informes de sostenibilidad publicados por Google y Amazon muestran que el crecimiento de la inteligencia artificial ha traído consecuencias relevantes para las metas ambientales de ambas gigantes tecnológicas.

Aunque ambas continúan reafirmando sus compromisos de alcanzar emisiones netas cero en las próximas décadas, los datos indican que este objetivo se ha vuelto significativamente más difícil de alcanzar.

Los números ayudan a ilustrar este escenario. Google registró un aumento del 25% en las emisiones totales de carbono en comparación con el año anterior. Amazon también presentó un crecimiento significativo, con un aumento del 16%.

Ninguna de las empresas responsabiliza oficialmente a la inteligencia artificial por este avance, pero diversos indicadores presentes en los propios documentos señalan que la rápida expansión de la infraestructura necesaria para alimentar modelos de IA desempeñó un papel central en este resultado.

La inteligencia artificial exige una infraestructura mucho mayor que la internet tradicional

Durante muchos años, las empresas tecnológicas lograron reducir parte de su impacto ambiental invirtiendo fuertemente en energía renovable. La compra de electricidad proveniente de parques solares y eólicos permitió compensar gran parte del consumo de oficinas y de los centros de datos utilizados para servicios tradicionales de internet.

La llegada de la inteligencia artificial, sin embargo, cambió completamente esta ecuación.

Entrenar grandes modelos de lenguaje y mantenerlos disponibles para millones de usuarios exige un volumen de procesamiento sin precedentes. Cada respuesta generada por un sistema de IA depende de miles de operaciones realizadas por procesadores altamente especializados, que funcionan continuamente en enormes centros de datos distribuidos por todo el mundo.

Esto significa que la demanda de electricidad crece mucho más rápido que la capacidad de expansión de las fuentes renovables.

En los informes, tanto Google como Amazon reconocen que el consumo de energía aumentó de forma significativa a lo largo del último año. Aunque aún mantienen grandes inversiones en generación limpia, el ritmo de expansión de la IA ha obligado al sector a buscar nuevas alternativas para garantizar un suministro constante de energía.

Diversas empresas ya han anunciado inversiones en plantas impulsadas por gas natural para alimentar futuros centros de datos. Este cambio representa una preocupación para los especialistas en clima, ya que puede aumentar nuevamente la dependencia de combustibles fósiles justo en un momento en que el sector prometía reducirla.

Las emisiones indirectas comenzaron a crecer más rápidamente

El aumento de las emisiones no ocurre solo por la electricidad consumida por los servidores.

Los informes destacan la importancia de las llamadas emisiones de Alcance 3, categoría que reúne impactos ambientales generados a lo largo de toda la cadena de producción, incluso cuando no están bajo control directo de las empresas.

En este grupo se incluyen desde la fabricación de equipos hasta el transporte de materiales, la construcción de nuevos edificios, la producción de componentes electrónicos y diversos servicios contratados a proveedores.

En el caso de Google, las emisiones de Alcance 3 prácticamente se duplicaron desde 2019, año utilizado como referencia para seguir su evolución climática. El mayor crecimiento está asociado a los llamados bienes de capital, categoría que incluye servidores, equipos de red y, principalmente, nuevos centros de datos.

Amazon presenta un escenario similar. Según la empresa, el aumento ocurrió principalmente en bienes de capital y en el consumo de energía relacionado con la expansión de su infraestructura global.

El informe destaca que solo en 2025 la compañía añadió más capacidad de centros de datos que cualquier otra empresa del sector. Solo en el último trimestre se incorporaron más de 1,2 gigavatios de capacidad computacional, lo que demuestra el ritmo acelerado de la carrera por el liderazgo en inteligencia artificial.

Esta expansión exige inversiones multimillonarias y también provoca un crecimiento proporcional de la huella de carbono.

Construir centros de datos también genera grandes impactos ambientales

Cuando se habla de inteligencia artificial, normalmente el foco está en el consumo de energía durante el funcionamiento de los sistemas. Sin embargo, los especialistas advierten que gran parte de las emisiones ocurre incluso antes de que un servidor sea encendido por primera vez.

La construcción de centros de datos requiere enormes cantidades de concreto, acero, vidrio, cobre y otros materiales cuya fabricación aún depende de procesos altamente contaminantes.

Las industrias del cemento y del acero figuran entre las mayores emisoras de dióxido de carbono del planeta. Aunque existen investigaciones orientadas a reducir estas emisiones, la producción a gran escala de materiales con bajo impacto ambiental aún enfrenta desafíos tecnológicos y económicos.

Cuanto mayor sea la expansión de la infraestructura necesaria para atender la IA, mayor tenderá a ser también la emisión indirecta asociada a la construcción de estos complejos.

Además de los edificios, existe toda la infraestructura eléctrica necesaria para alimentarlos, incluyendo líneas de transmisión, sistemas de refrigeración, transformadores y equipos especializados.

Los chips de inteligencia artificial también contribuyen al aumento de las emisiones

Otro elemento importante señalado por los especialistas es la fabricación de los chips utilizados para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial.

Las GPU, los aceleradores de IA y las memorias de alta velocidad requieren procesos industriales extremadamente sofisticados. Estas fábricas operan con un alto consumo de energía, utilizan equipos altamente especializados y dependen de cadenas globales de suministro bastante complejas.

Gran parte de la producción mundial de estos semiconductores ocurre en países asiáticos cuya matriz eléctrica aún tiene una fuerte participación de carbón mineral y gas natural.

Además, diversos gases utilizados en la fabricación de chips tienen un potencial de calentamiento global miles de veces superior al del dióxido de carbono. Incluso pequeñas liberaciones de estos compuestos pueden representar un impacto significativo para el clima.

Con la creciente demanda de aceleradores de IA, impulsada por empresas como Google, Amazon, Microsoft, Meta y OpenAI, el sector de semiconductores vive una expansión sin precedentes, acompañada también por un aumento proporcional de su impacto ambiental.

La tecnología aún puede volverse más sostenible

A pesar del escenario preocupante, los especialistas destacan que la situación no es irreversible.

Las grandes empresas continúan invirtiendo miles de millones de dólares en energía renovable, almacenamiento en baterías, pequeños reactores nucleares, redes eléctricas más eficientes y nuevas tecnologías para la captura y eliminación de carbono de la atmósfera.

También existen iniciativas orientadas a desarrollar concreto y acero de baja emisión, además de procesos industriales más limpios para la fabricación de semiconductores.

Al mismo tiempo, los investigadores trabajan para crear modelos de inteligencia artificial más eficientes, capaces de ofrecer resultados similares consumiendo menos energía durante el entrenamiento y la operación.

Estos avances podrán reducir parte de la presión ambiental provocada por la rápida expansión de la IA, pero requerirán inversiones elevadas y colaboración entre empresas tecnológicas, fabricantes de equipos, productores de energía y gobiernos.

Mientras tanto, los informes de sostenibilidad de Google y Amazon dejan un mensaje claro: la inteligencia artificial representa una de las mayores transformaciones tecnológicas de la historia reciente, pero su crecimiento trae desafíos ambientales que ya no pueden ser ignorados. El futuro de la IA dependerá no solo de modelos más inteligentes, sino también de la capacidad de la industria para construir una infraestructura compatible con un planeta que busca reducir sus emisiones de carbono.

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Renê Fraga es fundador de Google Discovery y editor en jefe de Eurisko, un ecosistema editorial independiente dedicado a la tecnología, la ciencia y la innovación. Profesional del marketing digital, con posgrado por la ESPM, sigue de cerca a Google desde la década de 2000 y escribe desde hace más de 20 años sobre tecnología, productos digitales e inteligencia artificial. Fundó Google Discovery en 2006, convirtiéndolo en uno de los principales sitios especializados en Google en Brasil, y fue columnista de TechTudo (Globo.com).
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