Principales claves:
- La empresa quiere llevar parte de sus centros de datos a órbita para reducir emisiones y ampliar la capacidad energética.
- Satélites con chips de IA funcionarían únicamente con energía solar.
- Los primeros ensayos están previstos para 2027, con una meta de viabilidad hacia 2035.
Google apuesta por el espacio para alimentar la IA con energía limpia
El crecimiento explosivo de la inteligencia artificial ha creado un problema para Google: ¿cómo sostener la enorme demanda de energía de sus centros de datos sin agravar el impacto ambiental?
La respuesta podría encontrarse fuera del planeta. Los ingenieros de la compañía presentaron el “Project Suncatcher”, una iniciativa que propone crear centros de procesamiento impulsados por energía solar en el espacio.
La idea busca aprovechar la luz del Sol de forma continua, algo imposible en los centros terrestres, donde la producción solar cae durante la noche y en invierno.
Según el documento publicado por el equipo de Google, satélites equipados con chips de IA, denominados Tensor Processing Units (TPU), podrían operar en órbitas que reciben hasta ocho veces más energía solar anual que los paneles ubicados en regiones medias del planeta.
Cómo funcionaría el “Project Suncatcher”
Los satélites que transportarán las TPUs orbitarán a poca distancia unos de otros, comunicándose mediante una red inalámbrica de alta velocidad. Este modelo les permitirá trabajar de forma conjunta, igual que los chips dentro de un centro de datos terrestre.
Google planea lanzar, junto a la empresa Planet Labs, dos satélites de prueba en 2027, cada uno con cuatro TPUs. Si los costos de transporte espacial continúan disminuyendo, el proyecto podría volverse económicamente viable hacia 2035.
Para Travis Beals, director del grupo de investigación Paradigms of Intelligence, el potencial es enorme si el consumo energético de la IA sigue creciendo.
“Si las cosas avanzan en esa dirección, hay una gran capacidad de expansión”, comentó. No obstante, Beals advierte que, como en todo proyecto ambicioso, los resultados no están garantizados.
Desafíos técnicos más allá de la órbita
Llevar chips al espacio implica riesgos más allá del costo de lanzamiento.
Fuera de la atmósfera terrestre, las TPUs quedan expuestas a niveles mucho más altos de radiación, lo que podría acortar su vida útil. Para medir su resistencia, los investigadores las sometieron a experimentos con aceleradores de partículas en la Universidad de California, simulando años de exposición solar.
Los resultados fueron alentadores: los chips resistieron bien y podrían operar de manera confiable durante cinco o seis años. Ahora, el equipo estudia si existen efectos menores, como posibles alteraciones en los bits provocadas por partículas subatómicas durante el procesamiento.
Con el “Project Suncatcher”, Google reafirma su disposición a explorar soluciones radicales que equilibren el avance de la inteligencia artificial con la sostenibilidad. Aún es un experimento, pero uno que podría redefinir el futuro de la computación y del propio espacio.