Google enfrenta nueva batalla judicial por supuesto uso ilegal de libros en el entrenamiento de Gemini

Rene Fraga
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Principales destacados

  • Un grupo formado por grandes editoriales y escritores acusa a Google de utilizar obras protegidas por derechos de autor para entrenar Gemini sin autorización.
  • La demanda afirma que los libros enviados a Google Books y Google Play tenían una finalidad específica y nunca podrían ser utilizados para desarrollar inteligencia artificial.
  • El nuevo proceso podría convertirse en uno de los casos más importantes en la disputa entre creadores de contenido y empresas de IA, especialmente porque será juzgado por un tribunal distinto a los que analizaron acciones similares.

La discusión sobre los límites de la inteligencia artificial acaba de sumar un nuevo capítulo de gran relevancia. Google fue objeto de una nueva demanda colectiva en Estados Unidos, presentada por un grupo de editoriales, autores y organizaciones vinculadas al mercado editorial, que acusa a la empresa de utilizar millones de obras protegidas por derechos de autor para entrenar los modelos de IA de Gemini sin el consentimiento de los titulares de dichas obras.

Según los autores de la demanda, Google no solo habría utilizado libros protegidos para alimentar sus modelos de inteligencia artificial, sino que también habría eliminado o alterado información de copyright presente en esos archivos. A juicio de los responsables de la acción, esta práctica habría servido para dificultar la identificación del origen del material utilizado durante el entrenamiento de la IA.

El caso representa un nuevo capítulo en la creciente tensión entre las empresas que desarrollan inteligencia artificial generativa y los profesionales responsables de la creación de libros, artículos, música, imágenes y otros contenidos protegidos por derechos de autor.

Editoriales y autores afirman que Google superó los límites de las autorizaciones concedidas

Entre los responsables de la acción se encuentran algunas de las mayores editoriales del mundo, como Hachette, Cengage y Elsevier. También participan en el proceso el escritor Scott Turow y la organización S.C.R.I.B.E., que representa a autores y profesionales del ámbito editorial.

El punto central de la acusación no es solo el uso de las obras, sino la forma en que habrían sido obtenidas.

Durante muchos años, las editoriales permitieron que Google digitalizara libros para integrarlos en Google Books. El objetivo siempre fue facilitar las búsquedas realizadas por los usuarios, permitiendo localizar títulos y consultar pequeños fragmentos de las obras antes de una eventual compra o préstamo.

Este modelo siempre ha funcionado de manera bastante limitada. El servicio no pone a disposición libros completos para lectura pública. En su lugar, presenta solo pequeñas partes del contenido acompañadas de información bibliográfica.

Según la demanda, esta autorización tenía un propósito muy específico y nunca incluyó el derecho de utilizar esas mismas copias para desarrollar sistemas de inteligencia artificial.

Los autores también afirman que los libros disponibles por parte de las editoriales en la tienda Google Play habrían sido utilizados con la misma finalidad, nuevamente sin ninguna autorización específica para el entrenamiento de IA.

A juicio de los responsables del proceso, hubo un cambio claro de finalidad en el uso de las obras, transformando contenidos enviados para servicios de búsqueda y distribución en materia prima para un producto completamente distinto.

Documento interno podría reforzar las acusaciones

Uno de los puntos más sensibles del proceso involucra un supuesto documento interno de Google citado por los autores de la demanda.

De acuerdo con la denuncia, este documento demostraría que empleados de la empresa ya discutían internamente los riesgos legales relacionados con el uso de libros protegidos por derechos de autor para el entrenamiento de inteligencia artificial.

El texto mencionado en la demanda afirma que este tipo de uso podría ser «altamente problemático» para Google y generar multas que podrían alcanzar decenas o incluso cientos de miles de millones de dólares.

Si este documento se confirma durante el desarrollo del proceso, podría convertirse en una de las principales pruebas presentadas por los autores, ya que indicaría que existía conocimiento previo de los riesgos legales involucrados.

Hasta el momento de la publicación de esta noticia, Google no había respondido oficialmente a las solicitudes de comentarios sobre el caso.

La disputa forma parte de un movimiento mucho mayor

Esta no es una acción aislada.

En los últimos años, prácticamente todas las principales empresas que desarrollan inteligencia artificial han comenzado a enfrentar demandas similares. Google, OpenAI, Meta y Anthropic acumulan acciones presentadas por escritores, artistas, periódicos, editoriales, fotógrafos y otros creadores que alegan el uso no autorizado de sus obras.

El crecimiento acelerado de los modelos generativos ha planteado una pregunta que aún no tiene una respuesta definitiva: ¿puede una empresa utilizar contenidos protegidos por derechos de autor para enseñar a una inteligencia artificial a producir nuevos textos, imágenes y respuestas?

Las empresas tecnológicas suelen defender que este entrenamiento se encuadra dentro del concepto jurídico conocido como «fair use», o uso justo, previsto en la legislación de Estados Unidos. Según esta interpretación, ciertos usos de obras protegidas pueden realizarse sin autorización cuando cumplen criterios específicos definidos por la ley.

Por otro lado, autores y editoriales argumentan que el entrenamiento de modelos comerciales de IA va mucho más allá de un uso limitado. Para ellos, las empresas están construyendo productos multimillonarios utilizando contenidos producidos por terceros sin ofrecer ningún tipo de remuneración o licencia.

Decisiones recientes favorecen a empresas de IA, pero el escenario aún está lejos de definirse

En los últimos meses, dos decisiones importantes tomadas por tribunales de California favorecieron a empresas de inteligencia artificial.

En ambos casos, los jueces entendieron que el entrenamiento de modelos utilizando obras protegidas podría considerarse uso justo dentro de la legislación estadounidense.

Estas decisiones fueron recibidas como una victoria por las empresas tecnológicas, pero los especialistas recuerdan que no ponen fin al debate.

Cada proceso tiene características propias, diferentes conjuntos de pruebas y circunstancias específicas. Además, la legislación de derechos de autor de Estados Unidos fue creada décadas antes de internet y no contempla de forma directa los desafíos planteados por la inteligencia artificial generativa.

El nuevo proceso contra Google será analizado por el Tribunal de Distrito de Estados Unidos para el Distrito Sur de Nueva York, y no por los tribunales de California. Esto significa que otro juez podría interpretar los hechos de manera diferente, especialmente ante las alegaciones relacionadas con Google Books y los documentos internos citados por los autores.

El caso Anthropic muestra que las consecuencias pueden ser multimillonarias

Aunque algunas empresas han obtenido decisiones favorables, no todos los procesos han seguido el mismo camino.

Recientemente, Anthropic fue condenada al pago de 1.500 millones de dólares después de que el tribunal concluyera que parte de las obras utilizadas en el entrenamiento de sus modelos había sido obtenida mediante piratería.

La decisión marcó una de las mayores indemnizaciones relacionadas con derechos de autor en Estados Unidos. Cerca de medio millón de escritores se volvieron elegibles para recibir compensaciones financieras, aunque muchos optaron por no adherirse al acuerdo para continuar buscando nuevas acciones judiciales.

Este precedente demuestra que, además de la discusión sobre el concepto de uso justo, los tribunales también analizan cómo se obtuvieron los materiales antes de ser utilizados para entrenar sistemas de inteligencia artificial.

El futuro de la inteligencia artificial podría depender de estas decisiones

Independientemente del resultado, la nueva acción contra Google refuerza una de las discusiones más importantes de la actual revolución tecnológica.

Las empresas de IA necesitan enormes volúmenes de datos para desarrollar modelos cada vez más inteligentes y precisos. Al mismo tiempo, escritores, editoriales, artistas y creadores defienden que sus obras no pueden ser utilizadas sin autorización solo porque están disponibles en plataformas digitales.

El equilibrio entre innovación tecnológica y protección de los derechos de autor será decisivo para definir cómo se desarrollarán los próximos modelos de inteligencia artificial.

Si la justicia determina que el uso de estas obras requiere licencias formales, toda la industria podría verse obligada a revisar sus métodos de entrenamiento. Por otro lado, si prevalece la interpretación de que este uso está permitido por la legislación actual, las empresas tecnológicas ganarán mayor seguridad jurídica para seguir expandiendo sus modelos.

El juicio aún debería tardar bastante tiempo, pero ya es considerado uno de los procesos más relevantes relacionados con la inteligencia artificial en 2026 y podría influir en futuras disputas judiciales en diversos países.

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Renê Fraga es fundador de Google Discovery y editor en jefe de Eurisko, un ecosistema editorial independiente dedicado a la tecnología, la ciencia y la innovación. Profesional del marketing digital, con posgrado por la ESPM, sigue de cerca a Google desde la década de 2000 y escribe desde hace más de 20 años sobre tecnología, productos digitales e inteligencia artificial. Fundó Google Discovery en 2006, convirtiéndolo en uno de los principales sitios especializados en Google en Brasil, y fue columnista de TechTudo (Globo.com).
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